Como seguidores de Cristo, a menudo nos sentimos atraídos hacia el Nuevo Testamento. Es allí donde nos encontramos con Jesús, escuchamos Su enseñanza y recorremos Su vida, muerte y resurrección. Y cada año, cuando se acerca la Pascua, volvemos con alegría a esos pasajes familiares.
Pero la historia de la Pascua no comienza en los Evangelios. Dios ya tenía la Pascua en mente mucho antes de que Jesús caminara sobre la tierra, mucho antes de la cruz, mucho antes del sepulcro vacío.
Entonces, ¿dónde vemos anticipada la Pascua en las Escrituras? ¡En todas partes! La muerte, sepultura y resurrección de Jesús se anuncian de antemano en las historias verídicas del estudio de BSF de este año, Exilio y Regreso. Aquí tienes tres ejemplos que nos ayudan a detenernos y realmente contemplar la maravilla de la salvación en Cristo a medida que se acerca la Pascua.&
El templo anticipa el sacrificio de Jesús
Cuando a Esdras se le encomendó la reconstrucción del templo, Israel estaba en ruinas. Babilonia había devastado la tierra, dispersado al pueblo y destruido lo que en otro tiempo había sido lugar central de su adoración. Y en la raíz de todo estaba el pecado—el pecado de Israel.
El pecado siempre deja destrucción a su paso. Ruina. Exilio. Muerte. El exilio físico de Israel apunta a una realidad espiritual más profunda: el pecado nos separa de Dios. La Escritura no lo suaviza: "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23).
Y esa es la razón por la que Jesús vino.
Su amor por nosotros lo llevó a la cruz.
El templo que Esdras buscaba reconstruir —con sus sacrificios y rituales— apuntaba a lo que el pecado finalmente cuesta y a un sacrificio aún mayor que estaba por venir. Día tras día, se ofrecían corderos como recordatorios constantes de que el pecado debe ser tratado y requiere expiación. Pero aquellos sacrificios eran solo símbolos. Apuntaban a un sacrificio final, perfecto y divino.
Jesús, sin pecado y puro, tomó la muerte que nosotros merecíamos. Sufrió no por sus propios errores, sino por los nuestros—por mi pecado y tu pecado. Su amor por nosotros lo llevó a la cruz. Allí, el juicio de Dios cayó sobre Él en lugar de nosotros.
No hay Pascua sin la cruz. La muerte de Cristo nos restaura del exilio espiritual y nos lleva de regreso a Dios.
¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a reflexionar y lamentarte por tu pecado—y a darle gracias a Jesús por salvarte de tu pecado? Una comprensión más profunda de la oscuridad del pecado solo magnifica el resplandor de la gracia de Cristo.
El foso de los leones nos recuerda que Jesús venció la muerte
Cuando el cuerpo de Jesús fue colocado en el sepulcro, sus enemigos creyeron que la historia había terminado. La muerte parecía definitiva. Todo daba la impresión de que el mal tenía la última palabra.
Los enemigos de Daniel pensaron lo mismo. Cuando no pudieron atraparlo haciendo algo malo, lo encerraron por hacer el bien—por adorar al Dios verdadero. El castigo parecía definitivo: un foso sellado, una guarida de leones hambrientos. ¿Qué posibilidad de escape podía haber?
Dios es más fuerte que cualquier poder que se oponga a Él.
Desde el principio, Satanás ha trabajado para destruir al pueblo de Dios. En el jardín de Edén, en el exilio y finalmente en la cruz, se ha opuesto a los propósitos de Dios. Desde la primera tentación en el jardín, Satanás trató de destruir la imagen de Dios estampada en la humanidad. Finalmente, Satanás intentó matar al Hijo de Dios—Dios en carne.
Pero Dios es más fuerte que cualquier poder que se oponga a Él.
Dios cerró la boca de los leones, preservando la vida de Daniel. Cuando Daniel salió ileso, su vindicación anticipó una victoria mucho mayor. Cuando Jesús salió del sepulcro, venció la muerte para siempre. El Cristo resucitado ascendió al cielo y ahora reina en lo alto con un poder incomparable—tal como Daniel lo vislumbró siglos antes: "En esa visión nocturna, vi que alguien con el aspecto de un hijo de hombre venía entre las nubes del cielo". (Daniel 7:13)
La mañana de Pascua resuena con esa victoria: la muerte está vencida y el sepulcro no tiene victoria porque Cristo reina. ¿Qué consuelo y esperanza te brinda eso hoy?
La visión de Ezequiel anticipa la vida de resurrección
La visión de Ezequiel del valle de los huesos secos es impactante. Dios puso a Ezequiel en un valle de huesos sin vida—polvorientos, dispersos, sin esperanza. Dios le preguntó: "¿Podrán revivir estos huesos?"
Por lógica humana, la respuesta es no. Muerto es muerto.
Pero Ezequiel conocía el poder de Dios. Había visto la gloria de Dios. Así que obedeció el extraño mandato de Dios: habló a los huesos. Y ante sus ojos, los huesos se unieron, la carne se formó y el aliento entró en cuerpos sin vida. Dios mostró que tiene poder para traer vida de la muerte.
El sepulcro no tiene victoria porque Cristo reina.
Siglos después, Dios mostró ese poder nuevamente—esta vez por medio de la resurrección de Jesús. Y ese mismo poder de resurrección trae vida espiritual a nosotros hoy. Dios da vida a corazones que antes estaban espiritualmente muertos y promete vida eterna con Él.
¿Dónde necesitas que Dios infunda nueva vida en tu caminar con Él? Podemos pedirlo con confianza. Así como Él promete vida eterna con Él para el mañana, también nos da poder para vivir para Él hoy.
Dios siempre tuvo la intención de habitar con su pueblo. Puede que el pecado hiciera parecer eso imposible por un tiempo, pero Dios siguió llevando adelante Su plan. Por medio de profecías, símbolos y señales, dio a Su pueblo la esperanza de que un día el Mesías vencería la muerte y traería vida.
Y en la Pascua, Él lo hizo.