Acabas de compartir el evangelio con un amigo. Tu voz temblaba y tu corazón aún late con fuerza, ¡pero lo hiciste! Dios te dio el valor y palabras para compartir la hermosa verdad de que Jesús murió para reconciliarnos con Dios.
Te recuestas en tu asiento, esperando que tu amigo diga algo.
“Gracias por contarme sobre tu fe. Me alegra mucho que hayas encontrado tu camino hacia la paz”.
Unos minutos después, la conversación cambia. La puerta parece cerrarse. ¿Qué sigue ahora?
La necesidad del evangelio en el mundo es evidente. Como creyentes que conocemos el gozo y la bendición de la salvación, nos duele el corazón por familiares, amigos y vecinos que aún no la conocen.
Nos preparamos para compartir el evangelio con ellos, repasando en nuestra mente las verdades sobre la santidad de Dios, la pecaminosidad del ser humano y la obra reconciliadora de Cristo. Estas verdades son esenciales en toda presentación del evangelio.
Pero ¿cuál es el siguiente paso? ¿Cómo pasamos de compartir información del evangelio a extender una invitación del evangelio?
La oferta de salvación de Jesús requiere una respuesta, y es un acto de amor comunicarlo—aunque nos sintamos incómodos o insistentes. Entonces, ¿cómo podemos invitar a nuestros amigos a responder a la invitación de Jesús? Aquí tienes tres preguntas que pueden llevar tu conversación sobre el evangelio más allá.
Si todo lo que he compartido es verdad, ¿dónde crees que se encuentra tu relación con Dios hoy?
Independientemente de cómo se sientan, la verdad es que todo incrédulo está separado de Dios. Toda persona necesita enfrentar la realidad de su propia injusticia. Reconocer el enorme abismo entre la santidad de Dios y nuestra pecaminosidad es doloroso, pero debemos llegar a ese punto antes de poder comprender la necesidad de la salvación que Jesús ofrece.
No debemos evitar ayudar a otros a confrontar la realidad del pecado y sus efectos devastadores. Jesús amorosamente hizo lo mismo por nosotros. Él no evitó nuestra oscuridad, sino que nos encontró en medio de ella y nos mostró la salida. Hacemos lo mismo cuando compartimos la verdad con otros, incluso cuando es difícil de escuchar.
Consulta también Isaías 59:1-2; Mateo 5:3; Juan 1:14 y Romanos 3:23.
¿Qué crees que deberías hacer hoy con lo que he compartido?
El evangelio no es solo informativo; es una invitación. Como una invitación que recibimos para una boda o un evento, se espera y se necesita una respuesta: ¿vendrás? Nadie puede permanecer neutral una vez que la invitación ha sido hecha. No responder, o postergar, también es una respuesta. Pero las buenas noticias del evangelio es que Jesús recibe a todos los que vienen a Él.
Consulta también Mateo 11:28; 25:1-13 y Juan 1:12; 6:37.
¿Te interesaría que volviéramos a hablar de esto pronto?
No importa cuán clara sea tu presentación del evangelio ni cuán convincente sea tu llamado a responder en fe, solo Dios puede cambiar un corazón. Tu conversación puede terminar con dudas, rechazo o indiferencia. ¡Pero no te desanimes! Dios obra en los corazones a Su tiempo y a Su manera. Podemos confiar en que Él seguirá trabajando a través de las verdades del evangelio que hemos compartido, mientras dejamos la puerta abierta para más conversaciones en el futuro.
Consulta también Ezequiel 36:26; Mateo 19:25-26 y Juan 3:5-8.
Compartir el evangelio puede ser intimidante, y pedir una respuesta puede sentirse insistente. ¡Pero gracias a Dios que Él irrumpe en la incredulidad para llamar a los pecadores a Sí mismo! ¿Llamarás tú también amorosamente a otros a responder a Él ?