¿Cómo actúas cuando la vida no tiene sentido? ¿Cuando las cosas de las que dependías se han derrumbado? ¿Dónde buscas? ¿Qué piensas?
Quizás perdiste el trabajo que pensabas que tendrías para siempre. Tal vez pasó lo impensable y tu matrimonio se rompió. Tal vez una enfermedad física te ha robado las fuerzas. Quizás tu iglesia, tu lugar de refugio, está en una fuerte controversia. Quizás tu familia ha sido lanzada a la controversia y la división.
Cuando la vida es difícil, cuando parece no tener sentido—¿a dónde acudes? ¿Dónde te escondes?
Estas son algunas de las preguntas que Ezequiel nos ayuda a responder. Cuando comprendemos su experiencia viviendo en el exilio como sacerdote sin templo, descubrimos cómo este antiguo libro nos habla hoy. Aunque Ezequiel vivió hace miles de años, tiene mucho que enseñarnos sobre cómo aferrarnos a la esperanza en tiempos oscuros.
Parecía que la muerte reinaba y que toda esperanza estaba perdida.
Enfrentando la fragilidad de la vida
El mundo de Ezequiel era un mundo roto. El pueblo de Dios estaba exiliado y disperso, y el templo de Dios estaba en ruinas. Durante este tiempo, parecía que la muerte reinaba y toda esperanza se había perdido. En estos momentos, es tentador cuestionar las promesas de Dios. Es tentador cuestionar su poder. Es tentador dudar de Su presencia. Es tentador llevar a Dios al tribunal de nuestros juicios y cuestionar su fidelidad y su amor.
A simple vista, Ezequiel parece ser una parte de las Escrituras que deberíamos evitar cuando nos sentimos deprimidos, porque parece muy deprimente.
Pero hay un momento en Ezequiel que nos da esperanza. Ese momento es tan hermoso. Es el valle de los huesos secos. Esta imagen en este pasaje es realmente asombrosa.
“La mano del Señor vino sobre mí; su Espíritu me llevó y me colocó en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Me hizo pasearme entre ellos, de un lado para otro. Pude ver que los huesos que cubrían el valle estaban muy secos y eran muchos”. (Ezequiel 37:1-2)
Huesos secos hasta donde alcanza la vista, y la pregunta fundamental de toda la historia bíblica se hace en ese momento: "Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?"
La pregunta culminante de toda la historia bíblica se hace en ese momento: "Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?"
Confiando en Dios con los pedazos
Ezequiel nos desafía a preguntar: “¿Puede surgir vida de la muerte?” Esa pregunta es importante porque si la respuesta es “No”, entonces estamos condenados.
Ezequiel nos muestra que la respuesta es: "¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!" Dios tiene el poder y la voluntad para dar vida a lo que está muerto.
"Así dice el Señor y Dios a estos huesos: 'Yo haré entrar en ustedes espíritu y vivirán. Les pondré tendones, haré que les salga carne, los cubriré de piel y les daré aliento de vida. Así vivirán y sabrán que yo soy el Señor'" (Ezequiel 37:5-6)
Y no podemos ver cómo la vida llega a esos huesos secos en Ezequiel sin pensar en Efesios 2:4-5:
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!”
De hecho, Ezequiel es uno de esos lugares en el Antiguo Testamento donde los temas del evangelio no son difíciles de encontrar. Yo llamaría a Ezequiel, "Gracia Resucitadora".
Verás, aparte de la gracia de Dios que da vida y resucita, todos somos solo huesos secos. Solo somos gente muerta caminando. ¡De la muerte y la destrucción, Dios trae vida! Esa es la historia de Jesús. Él murió para vencer la muerte para que podamos experimentar nueva vida en Él. En los momentos más oscuros, ¡el evangelio brilla con mayor intensidad!
¡De la muerte y la destrucción, Dios trae vida!
Estoy convencido, y esto sorprenderá a algunos, de que la desesperanza es la puerta hacia la esperanza. Solo cuando se renuncia a encontrar vida en otro lugar se busca la vida donde solo puede ser hallada.
Cuando miras a tu alrededor y dices: “Hay muerte a mi alrededor, muerte dentro de mí, no sé dónde buscar esperanza”, entonces estás listo para encontrar la verdadera esperanza—esperanza que puede dar vida a huesos secos. Esa esperanza solo se encuentra en la persona y obra del Señor Jesucristo resucitado.
Así que cuando necesitas esperanza, cuando necesitas experimentar el evangelio de una manera nueva, no evites Ezequiel. No evites el Antiguo Testamento. Porque el evangelio está allí, listo para ser descubierto, listo para darnos esperanza en las luchas de hoy y los desafíos de mañana.