Inestabilidad política. COVID. Desastres naturales. Incertidumbre económica. Divisiones en la iglesia. Los temas que nos dividen parecen no tener fin. Aunque las circunstancias específicas varíen según la cultura, nada de esto es nuevo para Dios. Descubrimos esta verdad al leer la historia de Israel. En el estudio de BSF, Pueblo de la Promesa: Reino Dividido, el pueblo de Dios no logró obedecer Sus mandamientos, ni de manera individual ni colectiva. En vez de ser una bendición para las naciones, terminaron en un reino caótico y dividido.
La razón de nuestra agitación hoy es la misma: el pecado. Y también lo es la solución: la oración. Dios lo declara claramente en 2 Crónicas 7:14: “... si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra”.
Dios sabía que su pueblo fallaría, pecaría y le desobedecería. Y en su bondad, nos ofrece el camino de regreso. A pesar de las circunstancias actuales, Dios puede y quiere unir a Su pueblo cuando nos humillamos y oramos.
¿Cómo debemos orar?
Al inicio de mi vida cristiana, la oración me resultaba difícil. En mi experiencia, parecía algo reservado para algún miembro especialmente dotado de la iglesia, que oraba de forma espontánea y sonaba como un salmo bellamente escrito. Luego estaba la oración antes de las comidas y antes de dormir. Para mí, aquello era más bien un monólogo mecánico que un diálogo sincero desde el corazón.
Pero he llegado a comprender que la oración es hablar con Dios acerca de cualquier cosa y de todo, tanto personalmente como en comunidad. Cuando el pueblo de Dios le habla en oración, Él responde. Dios sigue hablando principalmente a través de la Biblia, aunque a veces también puede usar circunstancias o personas.
La oración es tan única como las personas que oran. La oración adopta muchas formas, desde litúrgica hasta espontánea, y no siempre será uniforme la manera en que oramos. También varían las razones por las que oramos. A lo largo de las Escrituras vemos oraciones por guía, lamento, sabiduría, alabanza y muchas otras. Cada oración tiene su propia postura. En 2 Crónicas 14:11, Asa oró con desesperación; en 1 Reyes 18:37, Elías oró con expectación; y en Lamentaciones, el autor compuso oraciones por medio de poesía. Aunque el método de oración era diverso, el pueblo de Dios estaba y está unido por su necesidad de orar al único Dios verdadero del cielo y de la tierra.
¿Qué sucede cuando no oramos?
Un verso del himno ¡Oh, qué amigo nos es Cristo! lo resume muy bien:
¿Vive el hombre desprovisto de paz, gozo y santo amor? Esto es porque no llevamos todo a Dios en oración".
En 1 Reyes 12, leemos sobre las dolorosas consecuencias de descuidar la búsqueda de Dios en oración. Roboam, hijo del rey Salomón, ascendió al trono. Ante la posibilidad de una rebelión, Roboam consultó primero a los ancianos y luego a sus contemporáneos, pero descuidó orar. Siguiendo el consejo que quería escuchar, Roboam impulsó a la nación de Israel a la rebelión. El pueblo se rebeló y proclamó a Jeroboam como su rey, dividiendo a Israel en dos reinos: el Reino del Norte de Israel y el Reino del Sur de Judá. Trágicamente, Jeroboam también descuidó la oración. Esto condujo a ambas naciones por un camino oscuro durante generaciones.
Dos reyes. Dos naciones. Sin oración. Sin paz. ¿Podría decirse esto de los cristianos hoy? La falta de oración tiene implicaciones personales y colectivas.
La oración en comunidad une al pueblo de Dios
Años más tarde, el rey Josafat de Judá enfrentó una crisis nacional. Después de años de paz, varios países vecinos se prepararon para atacarlos. 2 Crónicas 20:3-4 dice: “Atemorizado, Josafat decidió consultar al Señor y proclamó un ayuno en todo Judá. Los habitantes de todas las ciudades de Judá llegaron para pedir juntos la ayuda del Señor".
La primera respuesta de Josafat fue la oración, y juntos, el pueblo se unió ante el Señor. Aunque estoy seguro de que estaban divididos respecto a cómo responder a la crisis nacional, la oración unió los corazones con Dios y entre ellos. Josafat buscó al Señor primero, la nación oró y Dios ganó la batalla. Me pregunto cuántos resultados serían diferentes y cuántos corazones se unirían, si esta fuera la respuesta normal de los cristianos ante las crisis. Dios bendice la unidad.
La oración individual promueve la unidad
Mientras reyes fieles y rebeldes gobernaban Israel y Judá, Dios envió profetas para hablar en su nombre. Estos profetas eran hombres fieles que continuaron compartiendo la verdad de Dios. Predicaron salvación y unidad para quienes se arrepintieran y volvieran a Dios. A pesar de su mensaje de esperanza, fueron menospreciados y perseguidos. ¿Cómo perseveraron? Estos hombres oraron. A través de la oración, sus corazones se mantuvieron sensibles hacia el pueblo de Dios.
Cuando hoy la división amenaza al pueblo de Dios, podemos orar unos por otros. Mediante la oración individual por los demás, incluso por aquellos con quienes no estamos de acuerdo, Dios suaviza nuestros corazones y nos concede una paciencia renovada.
La oración es importante porque vivimos en un mundo caído donde el pecado afecta cada aspecto de la vida. Pero los cristianos tenemos un arma poderosa que a menudo se utiliza poco. Cada uno de nosotros tiene una elección. Podemos seguir intentando reparar nuestros "reinos" divididos por nuestra cuenta o humillarnos y orar. Que seamos un pueblo que se une para buscar al Señor, unidos a través de la oración.