Ya sea que lideremos en nuestros hogares, en el trabajo o en otro lugar, Dios ha puesto a cada uno de nosotros en una posición de influencia.
Después de décadas en el mundo de negocios, he leído innumerables libros sobre liderazgo. Pero hay uno que, más que cualquier otro, brinda orientación vital para líderes en cualquier ámbito y en cualquier etapa de la vida: la Biblia. A través de la Palabra de Dios, descubrimos sabiduría práctica, verdades inesperadas y la guía tan necesaria para afrontar los desafíos del liderazgo en la cultura actual.
A lo largo del estudio de BSF de este año, Dios ha usado estas preguntas clave para moldear mi propia visión del liderazgo. Espero que también puedan servirte a ti.
¿Cuándo dudo en hablar y por qué?
Ezequiel fue un líder profético que habló la verdad con valentía, incluso cuando era profundamente inconveniente hacerlo. Fue llamado a decir la verdad al pueblo terco y rebelde de Israel, exiliado en Babilonia. El encargo de Dios a Ezequiel fue claro: “Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar, porque son muy rebeldes”. (Ezequiel 2:7)
La verdad, aun cuando se dice, no siempre es escuchada.
Dios luego recuerda a Su pueblo que la restauración es solo obra Suya, realizada no porque lo merezcan, sino por amor a Su santo nombre (Ezequiel 36:22-23).
En la cultura actual, cuando puede ser difícil hablar la verdad de Dios, podemos aprender de Ezequiel. ¿Dudas alguna vez en decir la verdad por miedo a lo que podría costarte? Yo ciertamente sí. A veces, todavía me siento incómodo al hablar con valentía.
La verdad, incluso cuando se dice, no siempre es escuchada. Qué liberador es comprender que hablar la verdad es un acto de fidelidad a Dios, no un cálculo de las reacciones de las personas o del costo personal. Nuestra responsabilidad es la obediencia, y el resultado le pertenece a Dios.
¿Qué papel desempeña la oración en mi liderazgo?
A menudo se dice que el liderazgo comienza en lo privado antes de manifestarse en lo público. Daniel nos enseña que la oración forja una relación íntima con Dios. No es un complemento del liderazgo, sino su fundamento mismo.
Daniel fue dotado con una habilidad excepcional. Estaba entre aquellos con “aptitudes para aprender de todo y que actuaran con sensatez; jóvenes sabios y aptos para el servicio en el palacio real” (Daniel 1:4). Sin embargo, actuó con humildad y dependió de Dios. Oraba de manera constante, no solo en tiempos difíciles. Nunca asumió que una tarea fuera lo suficientemente fácil como para afrontarla sin orar, incluso cuando orar lo ponía en gran riesgo.
La devoción privada de Daniel ayudó a moldear su convicción pública. Él confiaba en Dios y lo reconocía siempre. Sin buscar recompensa personal, Daniel reconoció que todo—su talento, su posición, su influencia—venía de Dios.
En mi propia vida, puedo olvidar con facilidad apreciar los dones de Dios cuando me va bien, mientras que, ante las dificultades, tiendo a confiar en mis propias fuerzas. Daniel nos muestra que la oración constante fomenta una verdadera gratitud hacia Dios y una dependencia creciente en Él.
La devoción privada de Daniel ayudó a moldear su convicción pública.
¿Debería realinear mis prioridades?
En los inicios de mi carrera, me dediqué por completo a mi profesión y era considerado un "experto" en mi campo. Me sentía orgulloso de lo bien que comprendía los sistemas de Tecnologías de la Información con los que trabajábamos. Amaba mi trabajo. Sin embargo, pronto se convirtió en la fuente de mi seguridad y provisión.
Esdras, por otro lado, "se había dedicado por completo a estudiar la Ley del Señor, a ponerla en práctica y a enseñar sus estatutos y ordenanzas a los israelitas". (Esdras 7:10)
Esto plantea la pregunta: ¿y si buscara conocer a Dios con la misma intensidad con la que me esforcé por dominar mi profesión? Comprender quién es Dios me habría mostrado que Él —y no mi propia experiencia— es la verdadera fuente de mi talento y de mi provisión.
Lamentablemente, en esos primeros años, el dominio de mi profesión no siempre me acercó a Dios; de hecho, muchas veces me alejaba de Él. El ejemplo de Esdras inspira una devoción a Dios, quien ordena todo de manera perfecta.
¿Cómo está Dios usando a otras personas en mi vida, y estoy dispuesto a escuchar?
Ha habido ocasiones en las que he intentado evitar un rol de liderazgo que se me ha presentado. Ya sea porque me sentía sin preparación, estaba demasiado ocupado o simplemente me sentía abrumado. Fuera cual fuera la razón, mi respuesta inmediata era: "Esto seguramente no es para mí".
Pero, al igual que Ester, quien fue desafiada por Mardoqueo, yo también he tenido que enfrentar la pregunta: ¿Y si Dios me ha puesto aquí precisamente "para un momento como este"? (Ester 4:14)
Me encanta cómo Dios a menudo usa a quienes están cerca de nosotros para desafiar nuestra resistencia, animar nuestra fe y ayudarnos a ver el papel que Él nos está llamando a desempeñar.
Y cuando Ester finalmente dio un paso al frente, no se apoyó sólo en su posición o intelecto. Ester puso su confianza en Dios y se apoyó en el respaldo de otros. Primero ayunó y pidió a su pueblo que ayunara junto con ella, diciendo: "me presentaré ante el rey... ¡Y, si perezco, que perezca! (Ester 4:16)
El verdadero liderazgo no es la ausencia de temor, sino la obediencia fiel frente al temor.
En su humilde entrega a Dios, guiada por el consejo de Mardoqueo, Ester fue fortalecida con valor y sabiduría. Y Dios usó su obediencia para traer liberación al pueblo judío. El ejemplo de Ester me muestra que el verdadero liderazgo no es la ausencia de temor, sino la obediencia fiel ante el temor.
En conjunto, las vidas de Ezequiel, Daniel, Esdras y Ester resaltan la importancia de un liderazgo construido en la obediencia, la oración y la devoción a Dios Mientras nos preparamos para nuestro estudio de Nehemías, descubriremos que Dios llama a cada uno de nosotros a liderar con propósito y perseverancia.
Dondequiera que Dios te haya llamado, espero que te sientas inspirado a buscarlo como la fuente de tu confianza y fortaleza. Espero que hayas reservado tiempo para orar y estudiar la Palabra de Dios. Porque una vida edificada sobre Cristo nos prepara para liderar dondequiera que seamos llamados.
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